El pasado miércoles 22 de marzo el edificio en el que vivía nuestra colaboradora Nelly Gamarra, supervisora regional de recuperaciones en Piura, amaneció rodeado por una inmensa masa de agua sucia, lodo y residuos sólidos que alcanzaba el metro y medio de altura desde el suelo.

Si bien su departamento no se había inundado, porque afortunadamente estaba en el segundo piso, ella y su pequeña hija Farah, de apenas un año de edad, quedaron completamente aisladas y sin posibilidades de salir y ponerse a buen recaudo.

“La lluvia había empezado a las 6 de la tarde del martes y no cesó hasta las 10 de la mañana del miércoles. Todo se inundó y quedamos atrapados. Mi esposo estaba en Trujillo por trabajo y apenas le conté dijo que vendría, pero los accesos eran difíciles… Él llegó recién el jueves después de 14 horas de viaje. Lo que más temía en ese momento era por la salud de mi hijita Farah”, recuerda Nelly.
Debido a las constantes lluvias toda la zona se quedó sin agua y electricidad, aunque antes de quedarse incomunicada Nelly también habló con sus jefes en Lima, Alberto Cabrera y César García, para informarles que le era imposible salir de su casa para cumplir con su labor. En todo momento, ellos le mostraron su apoyo y solidaridad con reiteradas llamadas para preguntar cómo se encontraban ella y su hijita. La preocupación era constante.

Sin muchos alimentos en casa, Nelly cuenta que los vecinos del piso le dieron un poco de leche para alimentar a la pequeña Farah en las largas horas que siguieron a la inundación. Así pasaron la noche del miércoles, en medio de un lago de agua sucia y de la incertidumbre.

“La mañana del jueves yo me encontraba en la oficina cuando el Gerente Regional Roger Ramírez me llamó para decirme que la doctora Nelly no podía salir de su casa porque su zona estaba inundada. Entonces decidí ir al lugar con el asesor Juan Sisniegas porque ella estaba sola con su hijita. Cuando llegamos, encontramos una laguna inaccesible que rodeaba todo. Primero pensamos en rescatarla con una cámara de llanta, pero luego Juan me dijo que tenía un amigo que tenía kayaks, y decidimos prestarnos”, señala Alan Ruiz, nuestro administrador de la Agencia Piura.

Entonces Alan y Juan se comunicaron con el amigo de los kayaks quien accedió al préstamo ante la emergencia, y luego llamaron al hermano de Juan para que les preste su camioneta, y después a otro amigo para que les preste un pequeño remolque y así transportar los kayaks hasta la zona inundada. Tardaron un par de horas en juntar todo el equipo de rescate.

Ya cerca de la zona inundada, ellos optaron por amarrar dos kayaks en paralelo y utilizando unos remos para que tuviera estabilidad. Terminada esta labor, Juan navegó solo en la rudimentaria embarcación de rescate hasta el edificio de Nelly, remando con mucho cuidado. Al llegar donde ella, la encontró pálida por todo lo sucedido, pero feliz de que pudiera salir de ahí con la pequeña Farah.

Su esposo, quien ya estaba con ella desde la madrugada del jueves, tampoco había podido hacer mucho para sacarlas porque la laguna marrón estaba demasiado contaminada y no podían exponer a la pequeña Farah.

Después que que Nelly fuera rescatada por el valeroso Juan, él se prestó unas botas especiales de un vecino, que como pastor evangélico las usa en los rituales de bautizo, y atravesó las aguas con sus propios medios.

Alan, el administrador que propició el rescate, dice que lo más importante era poner a salvo a Nelly y a su hijita. Es lo que haríamos por nuestra familia. “Al final les invité un almuerzo a los chicos por su apoyo”, añade.

“Yo estoy muy agradecida por el esfuerzo de mis compañeros. Estuvimos dos días sin alimentos, sin agua ni pañales… Farah se había enfermado un poco, pero ahora estamos bien. Estoy muy agradecida”, añade nuestra valiente colaboradora Nelly, quien ahora está a salvo en un hotel junto a su familia.